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Qué ver en Roma en dos o tres días: la ruta por barrios para no perderte lo esencial

8 min

Roma no se recorre, se tropieza con ella. Giras una esquina cualquiera del centro histórico y aparece una fuente de Bernini, un templo de dos mil años o una trattoria con las mesas puestas en la calle. En dos o tres días no vas a verlo todo, y está bien que así sea: la ciudad se disfruta más eligiendo bien que corriendo. Esta guía ordena lo esencial por zonas para que camines poco y veas mucho, desde el Coliseo hasta el Trastevere al atardecer. Coge zapatillas cómodas y una botella de agua, que en Roma se anda.

Cómo organizar Roma en dos o tres días

Roma se entiende mejor si la divides en tres bloques que casi no se pisan entre sí. El primero es la Roma antigua, alrededor del Coliseo, el Foro Romano y el monte Palatino. El segundo es el centro barroco, el triángulo que forman el Panteón, Piazza Navona y la Fontana di Trevi, todo caminable. El tercero es el Vaticano, al otro lado del Tíber, con la Basílica de San Pedro y los Museos Vaticanos. Con dos días cubres los dos primeros bloques; el tercero pide una mañana entera, así que si puedes, reserva el tercer día para el Vaticano.

Una forma cómoda de coger perspectiva el primer día es hacer un free tour por el centro histórico: en un par de horas te sitúas, entiendes qué es cada rione y te quedas con las historias que luego cuentas tú. En Roma la contribución habitual de estos recorridos ronda los 15 a 20 euros por persona al terminar. Después vuelves con calma a lo que más te haya llamado la atención.

Día 1: la Roma imperial, del Coliseo al Campidoglio

Empieza temprano en el Coliseo, con entrada reservada para evitar la cola que da la vuelta a la manzana. Justo al lado se abren el Foro Romano y el monte Palatino, que comparten recinto: baja por la Via Sacra imaginando los desfiles y sube al Palatino para ver el Foro desde arriba y los restos de los palacios imperiales. Sal por el arco de Tito y cruza hacia la Piazza del Campidoglio, la plaza que diseñó Miguel Ángel, para asomarte al mirador del Foro desde el otro extremo.

Desde el Campidoglio bajas al Altare della Patria, el monumento blanco de la Piazza Venezia que los propios romanos llaman la máquina de escribir. Si te queda cuerda, acércate a la Bocca della Verità, en el pórtico de Santa Maria in Cosmedin, y al cercano Circo Massimo, hoy una gran explanada donde corrían las cuadrigas. Es un primer día de piernas, así que cena pronto por la zona de Monti, el barrio de callejuelas y tiendas pequeñas justo detrás de los Foros Imperiales.

Día 2: la Roma barroca, a pie entre fuentes y plazas

El segundo día es de callejear sin prisa. Arranca en el Panteón, el templo mejor conservado de la antigüedad, con su cúpula abierta al cielo por el óculo; la entrada ahora se paga, pero merece cada minuto. A pocos pasos está Piazza Navona, con la Fontana dei Quattro Fiumi de Bernini en el centro y su ambiente de retratistas y terrazas. Sigue hacia el Campo de' Fiori y su mercado de la mañana, y luego enfila hacia la Fontana di Trevi para tirar la moneda de espaldas, la que asegura la vuelta a Roma.

Cierra en la Piazza di Spagna, al pie de la escalinata de la Trinità dei Monti, con la Via dei Condotti a un lado para los escaparates de lujo y la Via del Corso para las compras de a diario. Al atardecer cruza el Tíber por el Ponte Sisto y déjate caer por el Trastevere, que a esa hora enciende sus faroles. La Piazza di Santa Maria in Trastevere, con la basílica de mosaicos dorados que le da nombre, es el mejor sitio para sentarse y ver pasar la ciudad.

Día 3: el Vaticano y la orilla del Tíber

El tercer día pertenece al Vaticano, y conviene madrugar. Los Museos Vaticanos son enormes, así que ve directo a lo que quieras ver sin agotarte por el camino: el objetivo es la Capilla Sixtina y los frescos de Miguel Ángel en la bóveda. Reserva la entrada con hora para no perder la mañana en la cola. Después pasa a la Basílica de San Pedro y, si tienes fuelle, sube a la cúpula para una de las mejores vistas de Roma, con la columnata de Bernini a tus pies.

Al salir, baja hacia el río y cruza por el Ponte Sant'Angelo, flanqueado por los ángeles de Bernini, hasta el Castel Sant'Angelo, el antiguo mausoleo de Adriano convertido en fortaleza papal. Es un buen broche: desde su terraza superior se ve San Pedro por un lado y el casco antiguo por el otro. Si el Vaticano te ha dejado tiempo, termina la tarde en los jardines de Villa Borghese, el gran parque del norte, con la Galleria Borghese y sus esculturas de Bernini si reservaste plaza con antelación.

Trastevere, Testaccio y dónde comer de verdad

Comer en Roma es parte del plan, no un trámite. En pleno centro te rodean las trampas para turistas, así que aléjate un par de calles de las plazas grandes. El Trastevere reúne trattorias de toda la vida por sus callejones, como la Via della Lungaretta, buenas para probar la cocina romana: cacio e pepe, carbonara, amatriciana y los supplì fritos de arroz. De postre, un maritozzo relleno de nata o un gelato de una heladería artesana, no de las que apilan montañas de colores en la puerta.

Si te gusta la comida, dedica un rato al barrio de Testaccio, al sur, el estómago popular de la ciudad. Su mercado cubierto es ideal para almorzar sin protocolo, con puestos de trapizzino y de pasta recién hecha. Y una regla que casi nunca falla en Roma: donde ves cartas en diez idiomas y fotos de los platos, sigue caminando; donde hay abuelos cenando, entra.

Si te sobra medio día: miradores y rincones con calma

Roma premia a quien se sale de la lista. Para las mejores vistas sin entradas ni colas, sube al Janículo, el paseo del Gianicolo sobre el Trastevere, donde a mediodía suena un cañonazo y toda la ciudad se extiende a tus pies. Otra opción tranquila es el ojo de la cerradura del Priorato de Malta, en el Aventino, que enmarca la cúpula de San Pedro al fondo de una avenida de setos, muy cerca del Giardino degli Aranci y su balcón sobre el Tíber.

Y si viajas con más días o quieres pisar algo de campo, la Via Appia Antica se recorre a pie o en bici entre tumbas romanas y adoquines originales, sobre todo los domingos, cuando cierra al tráfico. Son planes de media jornada que te sacan del circuito y te dejan una Roma más pausada, la que de verdad se recuerda.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días hacen falta para ver Roma?
Con dos días completos ves lo esencial del centro: la Roma antigua un día y la Roma barroca el otro. El tercer día es el que marca la diferencia, porque te permite dedicar una mañana entera al Vaticano sin agobios y dejar la tarde para Castel Sant'Angelo o Villa Borghese. Menos de dos días se queda muy corto para una ciudad de este tamaño.
¿Hay que reservar entradas para el Coliseo y los Museos Vaticanos?
Sí, y con antelación. Tanto el Coliseo como los Museos Vaticanos funcionan con entrada por franja horaria, y las colas sin reserva pueden llevarse una hora larga de tu día. Compra con fecha y hora en las webs oficiales; para la Capilla Sixtina, las primeras horas de la mañana suelen estar menos cargadas.
¿Es mejor moverse en metro o andando por Roma?
El centro histórico se hace casi todo a pie, porque las distancias entre el Panteón, Piazza Navona y la Fontana di Trevi son de minutos. El metro te sirve sobre todo para tramos largos, como llegar al Vaticano (parada Ottaviano) o al Coliseo (parada Colosseo). Ten en cuenta que muchas calles son de adoquín, así que el calzado cómodo no es un consejo menor.
¿Merece la pena un free tour para orientarse el primer día?
Para una primera vez, sí. Un free tour por el centro te da el mapa mental de la ciudad en un par de horas y te deja con las historias que hacen que después mires cada plaza con otros ojos. La contribución habitual en Roma va de 15 a 20 euros por persona al terminar. Luego vuelves por tu cuenta a lo que más te interese.