Berlín es una ciudad llana y muy extensa, pensada para caminar por tramos y enlazar el resto en U-Bahn o S-Bahn. El centro histórico se concentra en el barrio de Mitte, donde en poco más de dos kilómetros pasas de la Puerta de Brandeburgo al Reichstag, el Memorial del Holocausto y la avenida Unter den Linden. Por el suelo, una doble hilera de adoquines marca por dónde pasaba el Muro, así que buena parte del recorrido se lee a ras de acera, sin entrar en ningún edificio.
Tres itinerarios reparten lo esencial. El primero es el Mitte histórico: Puerta de Brandeburgo, Reichstag, Bebelplatz, la Isla de los Museos y la catedral de Berlín, la ruta de los free tours esenciales y completos. El segundo gira en torno al Muro y la Guerra Fría, de Checkpoint Charlie a la East Side Gallery junto al río Spree, pasando por la Topografía del Terror y el tramo conservado de Bernauer Strasse. El tercero baja al Berlín alternativo de Kreuzberg y al barrio judío del Scheunenviertel, con sus patios interiores, el arte urbano y las huellas del Tercer Reich. A media hora en tren quedan dos excursiones de peso: los palacios de Potsdam y el campo de concentración de Sachsenhausen, en Oranienburg.
El arranque suele estar en el centro, junto a la Puerta de Brandeburgo, en Pariser Platz, o cerca de Alexanderplatz y la torre de televisión. La primera hora de la mañana es la mejor para ver Mitte con poca gente, y las salidas de tarde funcionan bien en verano por la luz larga. La reserva se hace por internet sin pagar nada, y al terminar cada asistente entrega al guía la aportación voluntaria con la que agradece el recorrido.
Para las rutas del Muro conviene calzado cómodo y algo de abrigo, porque Berlín es ventoso y la mayoría del tour transcurre al aire libre. Sachsenhausen y Potsdam ocupan media jornada o más, así que es mejor no encajarlas el mismo día que un tour a pie por el centro y reservarlas como salida aparte.