Pocos lugares de España se pierden tan bien como el Barrio de Santa Cruz. Sus calles estrechas y encaladas, que fueron la antigua judería de Sevilla, todavía guardan historias de traiciones, de reyes que salían a pelear de noche y de pintores enterrados en iglesias que ya no existen. No es una guía de monumentos ni una lista de imprescindibles, sino la capa de historias que se esconde bajo las mismas piedras que pisa todo el mundo. Aquí cada azulejo y cada esquina tiene su propia versión de los hechos, a medio camino entre el documento de archivo y la leyenda de vecindario. En este recorrido separamos lo que pasó de lo que se cuenta, sin quitarle emoción a ninguna de las dos cosas.
Del laberinto judío al Barrio de Santa Cruz
Antes de ser un rincón de postal, esta parte de Sevilla fue una de las juderías más grandes de la península, solo por detrás de la de Toledo. Se extendía entre los muros del Real Alcázar y la antigua muralla, y de aquella época quedan los nombres: la Calle Judería, el Callejón del Agua, la Calle Vida y la Calle Muerte, dos calles gemelas que salen de la Plaza de la Alianza. El pogromo de 1391 arrasó el barrio y la expulsión de 1492 lo vació del todo. El nombre actual viene de una iglesia, la de Santa Cruz, que marcó el carácter cristiano del lugar cuando la comunidad judía ya no estaba.
Conviene saber una cosa para no llevarse a engaño: el laberinto que hoy se recorre no es del todo medieval. A principios del siglo XX, de cara a la Exposición Iberoamericana de 1929, se reformaron plazas como la de Doña Elvira o la de Santa Cruz y se sembró de naranjos y azulejos para darle ese aire andaluz tan reconocible. El trazado retorcido sí es antiguo, pero la escenografía tiene bastante de invención romántica. Eso no le resta encanto, solo ayuda a leer el barrio con más criterio.
La calavera de la calle Susona
La leyenda más conocida del barrio se cuenta a pocos pasos de las murallas del Alcázar, en la Calle Susona. Susona Ben-Susón era hija de Diego Susón, un converso rico que, según la tradición, encabezó una conjura contra el recién instalado Tribunal de la Inquisición, hacia 1481. Susona estaba enamorada de un caballero cristiano y, para salvarlo, reveló el complot. La delación acabó con su padre y con otros conjurados ajusticiados.
Lo que hizo célebre la historia es el final. Se cuenta que Susona, arrepentida y sola, pidió que al morir colgaran su calavera en la puerta de su casa como castigo, para que todo el mundo viera lo que había hecho. Durante siglos la vía se llamó Calle de la Muerte, y con el tiempo tomó el nombre de la protagonista. Hoy un azulejo con una calavera recuerda el episodio en la fachada, y es una de las paradas obligadas cuando se descubre el barrio con calma.
El rey Don Pedro y la cabeza en la pared
Muy cerca de Santa Cruz, en la Calle Cabeza del Rey Don Pedro, sobrevive otra de las grandes leyendas sevillanas. Su protagonista es Pedro I de Castilla, apodado el Cruel por unos y el Justiciero por otros, el mismo rey que mandó levantar el palacio mudéjar del Alcázar en el siglo XIV. Se decía que salía de noche a rondar la ciudad y que, en uno de esos lances, mató a un hombre en un duelo a espada.
Una anciana lo vio todo a la luz de un candil, un candilejo, y lo reconoció por el chasquido que hacían las rodillas del rey al andar. Pedro había ordenado que se decapitara al culpable de aquella muerte, así que, para cumplir su propia justicia sin perder la cabeza de verdad, mandó esculpir un busto de piedra con su rostro y colocarlo en una hornacina de la calle. De ahí el nombre. El original se conserva en el Museo Arqueológico de Sevilla y en la esquina quedó la memoria de un rey que se castigó a sí mismo en efigie.
Murillo y la iglesia que desapareció
El barrio debe su nombre a la iglesia de Santa Cruz, y allí está enterrada una de las figuras más grandes de la pintura española: Bartolomé Esteban Murillo, sevillano de nacimiento y de muerte, que falleció en la ciudad en 1682. El problema es que aquella iglesia ya no existe. Durante la ocupación napoleónica, a principios del siglo XIX, las tropas francesas la derribaron, y con ella se perdió el rastro exacto de la tumba del pintor.
Hoy, donde estuvo el templo, se abre la Plaza de Santa Cruz, presidida por la Cruz de la Cerrajería, una preciosa cruz de hierro forjado de finales del siglo XVII que se trasladó hasta aquí desde la Calle Sierpes. A un paso quedan los Jardines de Murillo, dedicados al artista, un buen sitio para tomar aire entre callejones. Es un ejemplo perfecto del barrio: un nombre, una leyenda y un vacío donde antes hubo piedra.
Don Juan, Doña Elvira y los rincones con leyenda
Santa Cruz también es tierra de Don Juan. El mito del seductor sevillano nace en la literatura, con El burlador de Sevilla de Tirso de Molina y, más tarde, el Don Juan Tenorio de Zorrilla, y la tradición popular ha ido colgando sus escenas de plazas reales. La coqueta Plaza de Doña Elvira, con sus bancos de azulejos y sus naranjos, es una de las que reclama ese aire teatral. Y para la parte más oscura del personaje siempre se cita a Miguel de Mañara, el noble del siglo XVII que fundó el Hospital de la Caridad y a quien la leyenda quiso convertir en un Don Juan arrepentido.
En la misma zona está la Plaza de los Venerables, con su Hospital de los Venerables Sacerdotes, hoy espacio cultural, y el famoso Callejón del Agua, pegado a la muralla del Alcázar. El nombre viene de las cañerías que llevaban el agua al palacio, y en una de sus casas se alojó el escritor Washington Irving, autor de los Cuentos de la Alhambra. Escuchar todas estas historias en el sitio donde ocurrieron, o donde se supone que ocurrieron, es una de las razones por las que mucha gente descubre el barrio en un free tour por Sevilla antes de perderse por su cuenta.
Cómo encadenar las leyendas en un solo paseo
Para atar las historias sin dar rodeos, una ruta cómoda arranca en la Plaza del Triunfo, entra por el Patio de Banderas y sigue por el Callejón del Agua, donde se alojó Washington Irving, hasta la Plaza de Doña Elvira. Desde ahí se baja a la Plaza de Santa Cruz para ver la Cruz de la Cerrajería y recordar la iglesia perdida de Murillo, se busca la calavera de la Calle Susona y se cierra en la Plaza de los Venerables, territorio de Don Juan. Son distancias cortas, pero el laberinto invita a desviarse, y ese es justo el plan.
Las mejores horas son a primera de la mañana o al caer la tarde, cuando el barrio se queda tranquilo y las calles blancas cambian de color. Si quieres entender de verdad quién fue la Susona o por qué hay una cabeza de rey esculpida en una esquina, un free tour de Sevilla suele ser la forma más rentable de empezar: recorres los escenarios reales con un guía que ata cada leyenda a su calle. Cuando el paseo lleva la etiqueta de free tour, se cierra con una contribución al guía de entre 15 y 20 euros por persona, según lo que te haya aportado escuchar cada historia sobre el terreno.
Preguntas frecuentes
- ¿El Barrio de Santa Cruz es la antigua judería de Sevilla?
- Sí. Fue el corazón de la judería sevillana, una de las mayores de la península hasta el pogromo de 1391 y la expulsión de 1492. De aquella época conserva el trazado estrecho y nombres como Calle Judería, Callejón del Agua o las calles Vida y Muerte. El aspecto tan cuidado de plazas como Doña Elvira o Santa Cruz, en cambio, es una reforma de principios del siglo XX de cara a la Exposición Iberoamericana de 1929.
- ¿Dónde está la Calle Susona y qué se ve hoy?
- Está dentro del propio Barrio de Santa Cruz, muy cerca de las murallas del Real Alcázar y a poca distancia de la Plaza de la Alianza. Antes se llamaba Calle de la Muerte. Hoy se puede ver en una fachada un azulejo con una calavera que recuerda la leyenda de Susona Ben-Susón, la joven que, según la tradición, pidió que colgaran su cráneo en la puerta como castigo por haber traicionado a su padre.
- ¿Cuánto tiempo hace falta para ver el Barrio de Santa Cruz?
- Por libre, con una hora u hora y media tienes de sobra para recorrer las plazas principales y las calles con leyenda, ya que las distancias son muy cortas. Si además quieres visitar por dentro la Catedral, la Giralda o el Alcázar, que están pegados, eso es ya otra mañana aparte. Con guía, el paseo de leyendas suele durar entre 60 y 90 minutos, porque el tiempo se va en las historias más que en caminar.
- ¿Merece la pena descubrir el barrio con un free tour?
- Para la primera visita, sí. El Barrio de Santa Cruz se disfruta mucho más cuando alguien te cuenta quién fue la Susona, por qué hay una cabeza del rey Don Pedro esculpida en una calle o dónde estuvo la iglesia en la que se enterró a Murillo. Un free tour de Sevilla te lleva por los escenarios reales y, al acabar, la costumbre es dejar una aportación de entre 15 y 20 euros por persona en función de lo que hayas disfrutado.



