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Historia y leyendas

Leyendas y secretos del Madrid de los Austrias

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Hay un Madrid que no cabe en las postales rápidas y que solo se entiende caminando despacio. Es el Madrid de los Austrias, el trazado de calles estrechas y plazas de piedra que Felipe II convirtió en capital en 1561 y que sus sucesores llenaron de conventos, mentideros y leyendas. Aquí se esconden crímenes de palacio, sangre que se licúa una vez al año, fantasmas que se asoman a los tejados en noches de tormenta y hasta el origen de por qué a los madrileños les dicen gatos. Este no es un repaso a los monumentos de siempre, sino un recorrido por los rincones donde de verdad pasó todo, con las historias que los vecinos se contaban al caer la noche.

Cuando una villa modesta se volvió capital

En 1561, Felipe II trasladó la corte a Madrid y una villa modesta pasó a gobernar medio mundo casi de la noche a la mañana. El corazón de todo era el Real Alcázar, la fortaleza que se levantaba donde hoy está el Palacio Real y que ardió por completo en la Nochebuena de 1734. A su alrededor creció a toda prisa el laberinto de callejones y conventos que aún llamamos barrio de los Austrias.

Madrid se llenó tan rápido de funcionarios y nobles que la corona obligó a los vecinos a ceder parte de sus casas para alojarlos. Para librarse de esa carga, muchos levantaron las llamadas casas a la malicia, viviendas que fingían tener un solo piso por fuera y escondían habitaciones dentro. En las gradas de la iglesia de San Felipe el Real, junto a Sol, funcionaba además el mentidero más famoso de la ciudad, donde soldados y pícaros inventaban y difundían las noticias mucho antes de que fueran ciertas.

Crímenes, huesos y una estatua con leyenda

La Plaza Mayor que hoy se recorre tranquila fue durante siglos el gran escenario de la ciudad, y no siempre para bien. Bajo sus balcones hubo proclamaciones de reyes y corridas de toros, pero también autos de fe de la Inquisición y ejecuciones públicas ante miles de personas asomadas a las ventanas. En el centro cabalga Felipe III en una estatua ecuestre que empezaron Giambologna y Pietro Tacca y que no llegó a la plaza hasta 1848. Cuenta la leyenda que durante años los gorriones se colaban por la boca abierta del caballo y morían dentro, hasta que hubo que sellarla.

El fantasma más célebre del barrio vive un poco más al norte, junto a la Plaza del Rey, en la Casa de las Siete Chimeneas, del siglo XVI. La leyenda habla de Elena, una joven vinculada a la corte de Felipe II que apareció muerta sin explicación y cuyo cuerpo nunca se encontró. Desde entonces se dice que una figura de mujer con una antorcha se asoma al tejado en las noches de tormenta. Lo inquietante es que, en una reforma del edificio, se halló un esqueleto junto a unas monedas de la época de Felipe II. Hoy es la sede del Ministerio de Cultura.

Reliquias y conventos de clausura

A un paseo de la Plaza de Oriente, el Real Monasterio de la Encarnación guarda la reliquia más célebre de Madrid: un frasco con la sangre de San Pantaleón que, según la tradición, se licúa cada 27 de julio y permanece sólida el resto del año. Lo fundó Margarita de Austria, esposa de Felipe III, en 1611, y cada verano se forma cola para comprobar el fenómeno con los propios ojos.

La vida de clausura sigue muy presente en el barrio. En el convento del Corpus Christi, conocido como las Carboneras, cerca de la Plaza de la Villa, las monjas todavía venden pastas y mantecados a través de un torno giratorio, sin que llegues a verles la cara. Son gestos pequeños que te devuelven de golpe al siglo XVII.

El laberinto medieval de la Plaza de la Villa

La Plaza de la Villa resume tres siglos en tres edificios. La Torre de los Lujanes es lo más antiguo que queda en pie, del siglo XV, y la tradición asegura que allí estuvo preso el rey Francisco I de Francia tras caer derrotado en la batalla de Pavía. Enfrente, la Casa de Cisneros es del siglo XVI, y la Casa de la Villa, el viejo ayuntamiento, la levantó Juan Gómez de Mora en el XVII.

Alrededor se enreda el Madrid más estrecho. La Calle del Codo se dobla en ángulo, como su nombre indica, y desemboca en rincones donde no cabe un coche. Es el tipo de callejón que la mayoría de los visitantes cruza sin mirar y que, sin embargo, guarda más historia que muchas fachadas famosas.

Antes de los Austrias: la muralla árabe y los gatos

Antes de los Austrias, Madrid fue Mayrit, una fortaleza andalusí fundada por el emir Muhammad I en el siglo IX. De aquella ciudad sobreviven tramos de la muralla árabe en la Cuesta de la Vega, junto a la Almudena, en el parque que lleva el nombre del emir. Allí sitúa la tradición la leyenda de la Virgen de la Almudena, escondida en el muro ante la llegada musulmana y reaparecida en 1085, cuando Alfonso VI reconquistó la villa, entre dos velas que seguían encendidas después de siglos.

Este era el corazón de la Morería, en torno a la Plaza de la Paja, el mercado medieval con la Capilla del Obispo y el discreto Jardín del Príncipe de Anglona. Aquí están también San Andrés, San Pedro el Viejo con su torre mudéjar y, más arriba, San Nicolás de los Servitas, la iglesia más antigua de Madrid. Es la cara del barrio que casi nadie recorre, a pocos metros del bullicio pero en otro siglo.

Y aquí nace el apodo de los madrileños. Cuenta la tradición que, durante la toma de 1085, un joven trepó la muralla como un gato para abrir las puertas de la villa, y de aquella hazaña quedó el mote que los castizos llevan con orgullo.

Sabores con historia y cómo recorrerlo

La Cava Baja y la Cava Alta ocupan lo que fue el foso de la muralla y hoy concentran algunas de las tabernas más antiguas de la ciudad. En la Calle de Cuchilleros sigue abierto Botín, reconocido por el Guinness como el restaurante más antiguo del mundo, con su horno de leña de cordero y cochinillo; abrió en 1725, ya pasada la dinastía de los Austrias, pero respira las mismas calles. Para terminar, un chocolate con churros en San Ginés, junto a una de las iglesias más viejas de Madrid, cierra el recorrido como mandan los cánones.

Todo esto está tan concentrado que se recorre a pie sin prisa, pero cambia mucho si alguien te va colocando cada leyenda en el sitio exacto donde ocurrió. Un free tour por el Madrid de los Austrias hilvana en un par de horas la Torre de los Lujanes, la Casa de las Siete Chimeneas y la Morería, y convierte lo que serían piedras bonitas en las historias que las hicieron famosas. Es la forma más cómoda de situar cada relato antes de perderte por tu cuenta, y al cerrar el paseo se agradece al guía con una contribución de entre 15 y 20 euros por persona.

Preguntas frecuentes

¿Qué barrios y plazas incluye el Madrid de los Austrias?
El Madrid de los Austrias es el casco antiguo que Felipe II y sus sucesores convirtieron en corte. Su eje va de la Puerta del Sol a la Plaza de la Villa y baja hasta la Morería y la Plaza de la Paja, el corazón del Madrid medieval. En ese trazado están la Cava Baja, la Calle del Codo, el Monasterio de la Encarnación y la mayoría de los rincones con leyenda.
¿Cuánto se tarda en recorrer el Madrid de los Austrias a pie?
Las distancias son cortas y todo el barrio se puede ver en una mañana. Un paseo tranquilo por tu cuenta te llevará entre dos y tres horas si te paras a mirar; un free tour guiado suele durar alrededor de dos horas y te ahorra el trabajo de buscar cada sitio en el mapa.
¿Cuándo se puede ver la sangre de San Pantaleón?
El frasco con la sangre de San Pantaleón se expone en el Real Monasterio de la Encarnación, junto a la Plaza de Oriente. La tradición dice que se licúa cada 27 de julio, festividad del santo, y ese día se forman largas colas para verlo. El resto del año puedes visitar el monasterio y su relicario dentro del horario habitual.
¿Merece la pena hacer un free tour por el Madrid de los Austrias?
Si es tu primera vez en el barrio, mucho. Un free tour reúne en un solo paseo la historia y las leyendas repartidas por la Plaza de la Villa, la Morería y el Monasterio de la Encarnación, sin entradas ni horarios rígidos. Al terminar se agradece al guía con una contribución habitual de entre 15 y 20 euros por persona, según lo que te haya aportado el recorrido.