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Planes y ocio

Nueva York por barrios: planes y ocio del Distrito Financiero a Brooklyn

7 min

Nueva York no se agota en sus monumentos. Cuando ya tienes fichada la lista de imprescindibles, la ciudad se disfruta de otra manera: comiendo en un mercado de Brooklyn, subiendo a una azotea al atardecer, cazando entradas de última hora para un musical o cruzando el río hacia barrios donde no llega el turista con prisa. En esta guía bajamos del sur de Manhattan hasta el fondo de Brooklyn, pero esta vez el hilo no son las postales, sino los planes: dónde comer bien sin arruinarte, dónde salir de noche y qué barrios tienen vidilla propia. Ponte cómodo, que aquí se viene a vivir la ciudad, no solo a verla.

Arrancar por el sur: el Seaport y los ferris

El extremo sur de Manhattan no es solo oficinas y prisa. Junto al East River, el South Street Seaport conserva calles adoquinadas y viejos veleros amarrados, y su muelle reformado, el Pier 17, funciona como terraza gigante sobre el agua: conciertos al aire libre en verano, restaurantes con vistas al puente de Brooklyn y una pista de patinaje cuando aprieta el frío. Es un buen sitio para empezar el día con calma antes de meterte en harina.

Desde los muelles de esta zona salen los barcos de NYC Ferry, una de las maneras más baratas y bonitas de moverte: por el precio de poco más que un billete recorres el East River viendo el perfil de rascacielos y los puentes desde el agua. No hace falta destino fijo, el trayecto ya es el plan, sobre todo al atardecer, cuando la luz cae sobre el skyline y la ciudad se pone dorada.

Comer por Nueva York sin arruinarte

Comer es medio viaje, y Nueva York se disfruta a bocados. Los mercados de comida son la mejor puerta de entrada: el Essex Market, en el Lower East Side, reúne bajo un mismo techo puestos de toda la vida y cocinas de medio mundo; el Time Out Market de DUMBO junta a varios de los mejores cocineros de Brooklyn con las vistas de Manhattan de fondo; y el Smorgasburg, el gran mercado al aire libre que llena Brooklyn los fines de semana de primavera a otoño, alinea decenas de paradas donde probar de todo un poco.

Y luego está la comida de calle, que aquí es una institución. El dollar slice de pizza para el hambre de media tarde, el bagel con queso crema del deli de la esquina, el arroz con pollo de los carritos halal con su salsa blanca y roja, o unos dumplings en Chinatown por cuatro perras. Remátalo con un brunch de fin de semana, ese ritual neoyorquino de huevos, tortitas y café sin prisa, y tendrás la ciudad medio conquistada sin gastar una fortuna.

Salir de noche: musicales, azoteas y música en directo

Cuando cae el sol, Nueva York cambia de marcha. El plan estrella sigue siendo un musical de Broadway, y no hace falta arruinarse: en la caseta de TKTS de Times Square venden entradas del mismo día con descuento, y muchos teatros sortean asientos baratos por lotería un rato antes de la función. Reservar butaca para un gran musical es de esas cosas que justifican el viaje por sí solas.

Si lo tuyo es el ambiente de bar, la ciudad va sobrada. Azoteas para ver la puesta de sol con una copa, speakeasies escondidos detrás de puertas sin cartel que son herencia de los años de la ley seca, clubes de comedia donde el stand-up es casi religión y los clubes de jazz históricos del Village, como el Village Vanguard o el Blue Note, para una última sesión de música en directo. Elige tú el ritmo de la noche.

Barrios con vidilla lejos de la postal

Para ver el Nueva York que hace vida propia hay que cruzar el río. Williamsburg, en Brooklyn, es el barrio moderno por excelencia: tiendas de segunda mano y de discos por Bedford Avenue, cafeterías de tueste propio, azoteas y un paseo fluvial estupendo. Pegado está Bushwick, con sus naves reconvertidas y los murales de arte urbano del Bushwick Collective pintando manzanas enteras. Es la cara joven y creativa de la ciudad, la que no sale en las postales.

De vuelta a Manhattan, el East Village y el Lower East Side guardan el downtown más canalla, lleno de bares pequeños y locales con historia musical. Y si te sobra tiempo, cruza a Queens: Astoria tiene tabernas griegas y cervecerías al aire libre, y Long Island City regala una de las mejores vistas del skyline desde Gantry Plaza. Para pillar el ambiente sin ir dando tumbos, un free tour por Brooklyn o Williamsburg es un plan barato y cómodo: lo llevas reservado sin adelantar dinero y, al terminar, le dejas al guía una aportación de entre 15 y 20 euros por persona según lo disfrutado.

Planes al aire libre y junto al agua

Nueva York tiene más verde y más orilla de lo que parece. Governors Island, una isla sin coches a un corto trayecto en ferri desde el sur de Manhattan, se recorre en bici o tumbado en una hamaca, con toboganes en las lomas de The Hills y césped para toda la tarde. En la orilla de Williamsburg, el Domino Park mira al skyline desde una antigua refinería de azúcar, y en Long Island City el Gantry Plaza State Park ofrece la estampa clásica de los rascacielos junto al viejo cartel de Pepsi.

Hay planes al aire libre que cuestan poco o nada. El tranvía de Roosevelt Island cruza por el aire sobre el East River y se paga con el mismo billete del metro, con vistas de regalo. En verano, varios embarcaderos ofrecen kayak gratis por el Hudson. Y en primavera, los cerezos en flor del Jardín Botánico de Brooklyn, junto al enorme Prospect Park, la respuesta de Brooklyn a Central Park, son uno de los espectáculos más bonitos y menos conocidos de la ciudad.

Coney Island y el sur de Brooklyn

Para cerrar, un plan que parece de otra ciudad: Coney Island, en el extremo sur de Brooklyn, a un rato en metro. Aquí están el paseo marítimo de madera, la playa abierta al Atlántico y los parques de atracciones de toda la vida, con la montaña rusa de madera Cyclone y la noria Wonder Wheel girando desde hace un siglo. Y los perritos de Nathan's Famous, el puesto donde cada 4 de julio se celebra el famoso concurso de comer salchichas.

Al lado, Brighton Beach es la llamada Little Odessa, el barrio de la comunidad rusa y ucraniana, con sus tiendas y restaurantes bajo el chirrido del metro elevado. Bajar hasta aquí es entender que Nueva York también son sus playas y sus barrios de inmigrantes lejos del skyline. Del Distrito Financiero a este rincón de Brooklyn, la ciudad se disfruta mejor cuando dejas hueco para lo que no sale en la lista de imprescindibles.

Preguntas frecuentes

¿Qué planes hacer en Nueva York más allá de los monumentos?
Cuando ya tienes vistos los imprescindibles, la ciudad da para mucho más: comer en mercados como el Essex Market, el Time Out Market de DUMBO o el Smorgasburg de los fines de semana, subir a una azotea al atardecer, ver un musical de Broadway con entrada de última hora, patearte barrios como Williamsburg o Bushwick y dedicar un día entero a la playa y las atracciones de Coney Island.
¿Cuáles son las mejores zonas para salir de noche?
El East Village y el Lower East Side concentran bares pequeños y locales con solera; Williamsburg, al otro lado del río, tira más de azoteas y ambiente moderno; y el Greenwich Village guarda los clubes de jazz históricos para una sesión de música en directo. La zona de Times Square es la de los musicales, mejor para primera hora de la noche.
¿Se puede disfrutar de Nueva York gastando poco?
Sí, y bastante. Los barcos de NYC Ferry cuestan poco más que el metro y regalan vistas del skyline, el tranvía de Roosevelt Island se paga con el billete de transporte, en verano se puede hacer kayak gratis en el Hudson y la playa de Coney Island no cuesta nada. Para comer, un dollar slice de pizza o un plato de arroz de los carritos halal llenan por poco dinero.
¿Merece la pena un free tour para captar el ambiente de la ciudad?
Para un primer contacto va muy bien, sobre todo en barrios como Brooklyn o Williamsburg, donde un guía local te enseña rincones y te cuenta cómo se vive allí. No se abona nada al reservar y, al acabar el recorrido, se agradece al guía con una aportación de entre 15 y 20 euros por persona según lo que te haya aportado. Eso sí, coge plaza pronto, que las buenas horas se llenan.